- GULAG: prisiones rusas.

Tras la victoria franquista de 1939 llegaron o se encontraban en la URSS unos 4.500 exiliados españoles, entre ellos, 3.000 niños de la guerra cerca de 150 maestros y auxiliares que les acompañaban, 156 militares (marinos que formaban parte de la tripulación de los 9 barcos incautados por la Unión Soviética al finalizar la guerra), unos 200 jóvenes pilotos de la última promoción formada en Rusia y, por último, alrededor de 1.100 exiliados políticos.

Hacia 1940 y en vista de la coyuntura política internacional con el pacto entre la URSS y Alemania y la ocupación de media Europa por parte de esta última, fueron muchos los militares y marinos que pidieron la salida del país incluso reclamando volver a España (sin saber exactamente qué se encontrarían allí). A partir de ese momento empezaron los duros interrogatorios en los terribles centros de detención de Moscú donde se forzaba mediante tortura la confesión de los detenidos, que acababan siendo condenados por traidores de la patria y antisoviéticos.

Destacar el caso de 8 jóvenes cadetes republicanos que mostraron públicamente su deseo de salir del país y acabaron condenados a 8 años de trabajos forzados en el gulag por trotskistas. Lo más grave y doloroso de la situación es que fueron precisamente algunos de sus compañeros españoles los que les acusaron.
El devenir de la Segunda Guerra Mundial con la invasión nazi de la URSS no hizo sino incrementar la presión sobre los exiliados españoles sumidos ya en la desesperación. Muchos de ellos habían sido enviados a trabajar en fábricas indómitas en los confines de Rusia, mientras muchos de los niños de la guerra que llegaron en edad escolar habían caído en la delincuencia acuciados por el hambre.

Las detenciones de prisioneros políticos se desarrollaron en tres oleadas: la primera de 1939 a 1942, marcada por la invasión nazi, la segunda de 1942 a 1946, durante la Segunda Guerra Mundial, y la última de 1947 a 1948 con las numerosas pedidas de ayuda de las embajadas extranjeras y surrealistas huídas en baúles diplomáticos.


En total cerca de 350 exiliados españoles de todos estos grupos fueron internados en los terribles gulags soviéticos durante estas tres oleadas. Allí estos 350 republicanos españoles se encontrarán con los aproximadamente 300 prisioneros de guerra de la División Azul, sus antiguos enemigos, hoy compañeros de celda, ya que el gulag no hacía distinción de nacionalidades ni ideologías.

En 1948 dentro de la primera oleada de repatriaciones tras la Segunda Guerra Mundial muchos de estos presos intentaron en vano salir del país pero tanto el Partido Comunista español como el Partido Comunista de la Unión Soviética truncaron su liberación acusándolos de fascistas por temor a la propaganda antisoviética que pudieran desarrollar a su vuelta.

No fue hasta 1954 y, especialmente, en 1956 cuando se inició el retorno junto a los prisioneros de guerra de la División Azul gracias a las conversaciones en Francia entre la España franquista y la Unión Soviética. Fueron 6 expediciones que hasta mayo de 1957 fueron devolviendo finalmente a su país a los restos de los republicanos españoles que sobrevivieron a los gulags soviéticos, a una cruel guerra civil, a la invasión nazi en la Segunda Guerra Mundial y al hecho de ser acusados injusta y deshonrosamente de fascistas, una terrible paradoja que la Historia no debe olvidar.

La investigación de la doctora Iordache plasmada en el libro “Republicanos españoles en el Gulag (1939 – 1956)” se enmarca dentro de su tesis doctoral, presentada en 2007, y que le valió el Premio a la Memoria de Doctorado en Ciencias Políticas convocado ese mismo año por el Institut de Ciències Polítiques i Socials de Barcelona.

Para saber más:

 

La triple tragedia asturiana en el gulag soviético

Los republicanos confinados en los campos de concentración del sistema ruso sufrieron a la vez el «secuestro político», la acusación de ser falangistas infiltrados y el rechazo del PC a que volvieran a España y contaran sus penas

Comían raíces, lombrices y pájaros, y estaban sometidos a trabajos forzados, pero ello fue tan sólo el comienzo de la triple tragedia de los republicanos españoles -entre ellos varios asturianos-, que estuvieron recluidos en el gulag, el sistema de campos de la Unión Soviética en la época de Stalin. En primer lugar, aquellos republicanos padecieron un «secuestro político» difícil de explicar; ellos, precisamente, que eran «rojos» en la patria de referencia de los rojos, la Unión Soviética.

En segundo lugar, no pudieron retornar a España o a Francia porque los dirigentes del Partido Comunista (PCE) español en la Unión Soviética «tienen una enorme responsabilidad a partir de 1948, porque da la impresión de que no quieren dejarlos salir de Rusia para que no cuenten lo que les ha sucedido». Esta hipótesis la sostiene Secundino Serrano, autor del libro recién publicado «Españoles en el gulag. Republicanos bajo el estalinismo» (Ediciones Península).

Secundino Serrano (León, 1953), estudió la carrera de Geografía e Historia en la Universidad de Oviedo y en la investigación que ha dado lugar a su libro ha recogido algunos testimonios de los asturianos que fueron víctimas de las turbulencias de dos contiendas encadenadas en el tiempo, la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial.

Y la tercera tragedia de aquellos hombres fue que también el PCE los acusó de ser «espías infiltrados», o de «falangistas embozados» que se habían mezclado con los republicanos. El hecho real es que los republicanos, a partir de 1948, comenzaron a recorrer los mismos gulags que los miembros de la División Azul -el Ejército franquista que luchó en Rusia- que habían sido capturados por los soviéticos. Esta coincidencia de destinos forzados fue la que el PC utilizó para «injuriar de este modo a los republicanos a los que además no querían dejar volver».

Secundino Serrano, catedrático del Instituto Legio VII de León, ha recogido datos de asturianos como Avelino Acebal Pérez, nacido en Jove (Gijón), en 1894, y que estuvo en el gulag a partir de junio de 1941, cuando fue detenido en Odesa junto a otros 44 marineros españoles. Acebal pasó por los campos de Dudinka y Norilsk, en el Círculo Polar Ártico, y los campos siberianos de Novosibirsk y Krasnoiarsk. En 1942, aquellos marinos, junto con 25 pilotos de aviación, fueron trasladados a Kazajstán, donde estuvieron en tres campos: Karabas, Spassk y sobre todo, Kok-Usek. En 1948 fueron conducidos a Odesa, y posteriormente pasaron por los campos de Cherepovets y Bovoroski, en la Rusia europea. Avelino Acebal fue liberado en 1954, trece años más tarde, y llegó al puerto de Barcelona el 2 de abril de 1954 en el barco griego «Semíramis», junto con otros 285 prisioneros españoles en el gulag, entre ellos, treinta y ocho republicanos.

Avelino Acebal era fogonero del buque gijonés «Inocencio Figaredo», en el que hubo otros marineros asturianos como Víctor Rodríguez Bango (Avilés, 1916). Pero «Bango firmó en Odesa un documento en el que criticaba el papel desviacionista de pilotos y marinos, y aceptaba vivir en la Unión Soviética», explica Secundino Serrano. Bango fue puesto en libertad a continuación, en 1948, y regresó a España el 18 de diciembre de 1956, en una de las siete expediciones que trajeron al país a más de dos mil «rusos españoles».

Un tercer marinero, Julio Martínez Berros, de Gijón, murió en la deportación, en 1941, trabajando en una carretera entre Norilsk y Dudinka, en el Círculo Polar Ártico. Y un cuarto, José Sáez Menéndez, nacido en Gijón en 1900, figuró como desaparecido en los archivos del Gobierno republicano en el exilio. Y existe al menos otro asturiano, Manuel Martínez Vázquez, nacido en Navia en 1910, que fue detenido en Berlín en 1945 y después llevado a la Unión Soviética y confinado en campos de trabajo forzado.

Secundino Serrano elabora en su libro las cinco tipologías de republicanos sometidos al gulag soviético. Primero, estaban los «marinos», o tripulantes de barcos -nueve y uno asturiano, el citado «Inocencio Figaredo»- a los que el final de la Guerra Civil sorprende en la Unión Soviética. «Las autoridades rusas confiscaron aquellos barcos y reunieron a sus marineros en un hotel en Odessa», explica Serrano. Cuatro son los referidos asturianos enmarcados en esta tipología. A continuación «vienen los pilotos, o alumnos de aviación que habían ido a realizar un curso de seis meses a la Unión Soviética para pilotar luego los aviones rusos vendidos a la República». A éstos también los sorprende el final de la Guerra Civil en Rusia. No consta ningún asturiano en este grupo.

La tercera tipología es la de los «berlineses», que fueron «los detenidos en Berlín en 1945». Es el caso del citado Manuel Martínez. El cuarto grupo es el de «exiliados políticos, pedagogos y educadores, que fueron a Rusia con los denominados "niños de la guerra"». Y la quinta tipología es la de los «desertores planificados», en la que no se registran asturianos. Estos «desertores fueron izquierdistas, muchos de ellos del PCE, que se apuntaron a la División Azul de manera planificada porque en España les hacían la vida imposible, los represaliaban o estaban expedientados». Su objetivo era «llegar a la Unión Soviética y pasarse al Ejército Rojo. Y se pasaron, pero les ocurrió lo mismo que a los otros republicanos: en lugar de incorporarlos al Ejército o dejarlos en libertad los mandaron a los campos de trabajo».

La peripecia de todos aquellos republicanos, unos 200 en total, tuvo también sus etapas, según Secundino Serrano. «La mayoría de republicanos decidió quedarse en la Unión Soviética y se incorporó al trabajo y a la vida ordinaria, pero el problema fue de esos dos centenares que ni querían volver a España, por miedo a la represión, ni querían quedar en la Unión Soviética». Esta situación «les parecía incomprensible a los soviéticos y al PCE español, porque se trataba de gentes de izquierda que relegaban a Rusia en beneficio de Francia o Latinoamérica, donde probablemente tenían familiares». El caso es que aquellos republicanos «se quedaron allí, como al margen, y de hecho estuvieron dos años bien cuidados, sin trabajar y con una paga; los marineros, en Odesa, y los pilotos, a las afueras de Moscú». Pero todo se complica el 21 de junio de 1941, cuando se inicia la «operación Barbarroja», o invasión de la Alemania nazi sobre la Unión Soviética. «A partir de ese día ya no hay ninguna contemplación; todo extranjero es sospechoso y todo extranjero que causa dificultades es doblemente sospechoso, con lo que una semana después de la invasión los republicanos españoles ya estaban en los campos de trabajo forzado».

Respecto a los casos asturianos, Secundino Serrano ha localizado asimismo a otros republicanos en la Unión Soviética, pero que no estuvieron en el gulag. «En 1942 y 1943 el Ejército nazi detuvo en el Cáucaso y en Finlandia a 37 niños de la guerra, que entonces eran ya jóvenes, y de esos chicos once eran asturianos», explica el historiador leonés. «Entre ellos hay dos historias muy particulares: uno que se llamaba Roberto Montes Rodríguez, "Cantinflas" de apodo, y Eloy Álvarez Alonso, "el Ruso"; los dos vinieron a España, entregados por los nazis, y terminaron incorporados a la guerrilla asturiana, al maquis, y en 1950, cuando cayó Caxigal, murieron en un enfrentamiento en El Condado, cerca de Laviana». «Cantinflas» y «el Ruso» habían sido sometidos a un proceso de reeducación y llegan Madrid «vestidos de falangistas, pero terminan en la guerrilla».

Tras el regreso de los republicanos del gulag a España, incluido el asturiano Avelino Acebal, «que es el que bate todos los récords de estancia en campos de trabajo forzado, 13 años en total», el efecto de la Unión Soviética de Stalin sobre estos hombres había sido definitivo: «Globalmente eran todos anticomunistas viscerales, como es de imaginar; habían sido republicanos, algunos de ellos comunistas, pero después de los años del gulag, sin explicación más o menos lógica, eran básicamente antirrepublicanos», concluye Secundino Serrano. La triple tragedia rusa había sido efectiva, pero en el sentido contrario.

 

http://www.lne.es/asturias/2011/11/13/triple-tragedia-asturiana-gulag-sovietico/1156072.html

 

 

 

Interesante publicación sobre el tema.

 

Octubre de 2013: El presidente de kazajistan entrega al presidente de España Mariano Rajoy expedientes de españoles deportados a Siberia durnate la segunda guerra mundial.

El presidente kazajo, Nursultan Nazarbayeb, sorprendó a Mariano Rajoy con la entrega como presnte de dos libros que contienen la historia de 152 españoles que acabaron en campos de concentración de Siberia entre 1939 y 1945. Catorce de ellos fallecieron y el resto regresó a España en la década de los cincuenta, en  la actual Kazjistán. Entre los encarcelados había ex combatientes republicanos, que llegaron a la URSS huyendo de Franco y miembros de la División Azul, que formaron parte del Ejercito de Adolf Hitler que intentó invadir la URSS.

Algunos republicanos cayeron en desgracia por criticar al todopoderoso Stalin, aunque el grueso de los españoles fue encarcelado ante la sospecha, que se extendió en la URSS a principios de los años cuarenta, de que todos los extranjeros que vivían en el país eran potenciales espías de la Alemania nazi. Algunos miembros de la División Azul detenidos aseguraron que se habían alistado en esta fuerza para poder huir de España y llegar a la URSS donde tenían pensado desertar.

Permanecieron prisioneros en el gulag de Karagandá en los años 40 y 50 del siglo pasado.

Sobre este episodio hubo un gran periodo de silencio desde los años sesenta hasta principios de este siglo pero se trata de una noticia tan antigua casi como su internamiento en Karagandá, ampliamente divulgado y contestado por la mayor parte de la prensa republicana en el exilio y parte de la prensa internacional desde finales de 1947 hasta mediados de 1948.

También la prensa española de la época reprodujo la noticia, con cierto sesgo político. Años más tarde, la repatriación en el Semíramis de los divisionarios y de un puñado de pilotos y marinos que anteriormente habían servido a la República ocupó la primera plana de los periódicos. Una serie de reportajes daba a conocer a la opinión pública el periplo concentracionario de los prisioneros, así como la existencia de lagers soviéticos con sus pésimas condiciones de vida, ampliamente narrados posteriormente en las memorias de divisionarios y de algunos pilotos. En los últimos días se ha retomado el asunto, que ha tenido un mayor protagonismo por ser enmarcado en un cuadro político y por parecer un tema bastante inédito. Lo único nuevo y relevante es la entrega de unos 152 expedientes de presos, supervivientes y fallecidos, que primero deben llegar a las familias de las víctimas y después a algún archivo de libre acceso para los investigadores.

Las circunstancias políticas de la URSS y el hermetismo soviético hasta los noventa impidieron que muchos países conozcan de primera mano, es decir a partir de expedientes e informes, la suerte de sus compatriotas en el Gulag. En los noventa, hubo una política de apertura de los archivos estatales rusos y los investigadores tuvieron la oportunidad de investigar sobre el mundo concentracionario soviético y sus víctimas de distintas nacionalidades. Desde mediados de la década pasada, muchos archivos rusos volvieron a cerrar sus puertas y reclasificar documentación anteriormente de libre acceso, lo que entorpece enormemente la labor de investigación. Aquí, a diferencia por ejemplo de Francia e Italia, que honraron la memoria de sus prisioneros en el Gulag desde los años ochenta hasta el presente, no hubo un interés muy palpable por parte de los distintos gobiernos, ni por parte de asociaciones de exiliados o descendientes, ni por parte de memoriales u otros centros destinados a la recuperación de la ?memoria histórica?. De momento, en España no hay información disponible procedente de los archivos de la antigua URSS, aunque no se puede descartar la existencia de documentación rusa llegada en la década anterior y olvidada en algún archivo de Madrid o de Salamanca. Esperemos que el amable gesto de Kazajistán asiente un precedente y despierte el interés del gobierno español, porque Karagandá fue solo una isla del Archipiélago Gulag, por donde pasaron españoles de las dos Españas.

Según los datos recopilados en una treinta de archivos, aproximadamente unos 21 marinos gallegos y un piloto, de los cuales cuatro fallecieron: José Plata Loira en el campo de Norilsk (10 de noviembre de 1941), Manuel Dópico Fernández en el campo de Karagandá (agosto de 1945), José Diz Rivas (22 de agosto de 1948) y Ricardo Pérez Fernández (16 de febrero de 1949) en el campo de Odessa. Ellos formaban parte de un grupo mayor de marinos, tripulantes de los buques Cabo San Agustín, Juan Sebastián Elcano, Inocencio Figaredo, Cabo Quilates, Marzo, Ciudad de Tarragona, Ciudad de Ibiza, Mar Blanco, Isla de Gran Canaria. Durante el año 1937 realizaron transportes de material de guerra y víveres entre la España republicana y la URSS, pero debido a las dificultades del tráfico marítimo por el Mediterráneo y otras circunstancias bélicas, el final de la Guerra Civil les sorprendió en distintos puertos soviéticos.

 


En los campos soviéticos malvivieron en las mismas condiciones que otros presos, y en función del campo, cavaban la tierra helada o trabajaban en la agricultura para ganarse la ración de comida. Pero los marinos españoles perduran en la memoria de sus compañeros de cautiverio como unos artesanos que confeccionaban unas bonitas alpargatas para los jefes del campo y no únicamente, tal como relata en sus memorias un antiguo prisionero francés, Francisque Bornet.

Todavía hoy es difícil comprender cómo pudieron haber sido encerrados tantos años sin juicio y sin motivo aparente. Una primera respuesta la hallamos en la idiosincrasia de la URSS estalinista, un régimen político basado en la violencia y el terror político y social. Y el Gulag (Dirección General de Campos) fue una de las instituciones fundamentales del poder dictatorial estalinista. A lo largo del tiempo, el Gulag se convirtió en un tamiz político-social, que proveía la mano de obra del «enemigo del pueblo» a reeducar a través del sistema de trabajo forzado. Su misión era purificar la sociedad de los «elementos indeseables» que contaminaban el camino hacia una sociedad socialista perfecta.

Por otro lado, el Gulag, aquel lugar arquetípico de la reclusión, del castigo y de la reeducación soviética reservado también a ?extranjeros y extraños?, es una experiencia también europea. El crisol del sistema concentracionario estalinista había albergado desde sus principios un número destacable de reos extranjeros, cuya caza se inició durante el Gran Terror. Unos años después, tanto el inicio de la Segunda Guerra Mundial como la invasión del territorio soviético por el Tercer Reich determinaron el estallido de nuevas purgas. Prácticamente cualquier persona podría ser arrestada, fuera soviética o extranjera e incluida en el amplio abanico del «enemigo del pueblo». Aquellas fechas desencadenaron una nueva «caza de extranjeros», un grupo por el que el NKVD había desarrollado cierta predilección. Sin importar lo que hicieran, los foráneos eran sospechosos de «espionaje» en general, unos posibles «quintacolumnistas» y candidatos predilectos al arresto y a la deportación.

Lo que necesitaba la URSS era formar un frente cerrado y tener un escenario limpio en nombre de un objetivo de interés estatal. La escala de los arrestos fue tan grande, que las autoridades soviéticas tuvieron que suspender incluso la ficción de legalidad. Pocos de los detenidos fueron realmente procesados, encarcelados o condenados. El NKVD, dentro del caos reinante, recurrió a la «deportación administrativa» y al «internamiento», procedimientos que no incluían ni proceso, ni condena. Y este fue también el caso de una hornada de unos 47 marinos, 25 pilotos y dos maestros de los «niños de la guerra» detenidos en junio de 1941, cuando L. Beria, comisario del pueblo del NKVD, ordenó el internamiento de los españoles en el campo Nº 5110/32 de Norilsk (en el Círculo Polar Ártico). Unos años después, los supervivientes de los primeros años de internamiento, se encontraron en los campos de Karagandá.

La detención de ellos hunde raíces en el desenlace de la Guerra Civil, porque formaban parte de un grupo de españoles que solicitaron en reiteradas ocasiones salir de la URSS, primero con dirección a México, lo que fue imposible debido a las circunstancias bélicas, y después a la España del general Franco. Los marinos cursaron sendas cartas al Ministerio de Asuntos Exteriores de España, mientras que los pilotos visitaron las embajadas extranjeras en Moscú, desarrollando una especial predilección por la alemana, aprovechando las buenas relaciones de Alemania con la URSS y España. Pese a la mediación de la diplomacia alemana y al beneplácito del gobierno soviético en permitirles la salida, la Dirección General de Seguridad denegó muchas de las solicitudes de repatriación. Con la invasión del territorio soviético por las tropas nazis, el «amigo» se había convertido en el «enemigo», con el agravante para los pilotos de haberlo frecuentado y al igual que los marinos, de haber rehusado cualquier posibilidad de permanecer en la URSS.

En resumen, a los españoles, caídos en las redadas intermitentes de los años cuarenta, se les detuvo por haber manifestado su vehemente deseo de salir de la URSS. Otros se opusieron a la línea política del Kremlin y a las políticas dogmáticas del PCE, mientras que algunos hicieron desafortunadas declaraciones sobre la política y el nivel de vida soviéticos, comparaciones con la vida en España, o algún comentario banal clasificado como ofensa a la URSS. Sobre la cúpula del PCE en su exilio soviético también pesa cierta responsabilidad, cuyo comportamiento no incluyó una defensa de la colonia española, como tampoco, que sepamos, alguna gestión para la liberación de los presos. Y cabe señalar que una de las principales figuras del partido, Santiago Carrillo, en un documental de producción reciente, negó hasta el último momento la reclusión de españoles republicanos en el Gulag.

Todas las historias cautivan e impactan. Hay tantas historias como españoles en el Gulag. Cada mosaico vital, cada destino y cada lágrima son únicos, con lo cual decantarme por alguna historia en particular me parece injusto. Todas deben ser conocidas por igual. Pero sí que hay un elemento común en todas que se resume con el título de unas memorias publicadas por Pitusa Sánchez-Ferragut en honor a su padre, el marino Ramón Sánchez-Ferragut: También se vive muriendo, un ejemplo de que muchos moribundos pudieron sobrevivir, preservar la esperanza y buscar en el horizonte los caminos de la libertad.

Nos podemos referir al Gulag como una forma de exterminio paulatino a través del trabajo forzado y las condiciones de vida dentro de los campos más temibles del sistema. El objetivo del Gulag era económico, un rendimiento que se calculaba por los metros cúbicos de troncos cortados, por las toneladas de carbón extraídas o por los kilómetros de vía de tren construidos, metas alcanzadas con la vida de millares de presos. Pero dentro de su propósito económico, el Gulag era también terrible: las masas de presos desarraigadas y despojadas de su identidad y sus derechos básicos, tratadas como ganado bajo la arbitrariedad y la brutalidad de los guardias durante los largos años de condena. Por ejemplo en Auschwitz y Majdanek se moría en una cámara de gas. En Kolymá, Magadán, Vorkutá, Norilsk y otros campos árticos se moría en la nieve, en las letales minas de oro o de carbón. Era una especie de exterminio paulatino a través del frío, de la inanición y de la violencia de los castigos. Desde este punto de vista, podemos definir el Gulag como otro horror, pese a que en su conjunto no estaba configurado para producir cadáveres.

Una democracia sólida también implica una recuperación de la memoria y una reconciliación con el pasado reciente en base a una amplia transparencia. No se da el mismo caso en los países de la antigua URSS, donde el recuerdo de Stalin y su liderazgo siguen dividiendo a la población, lo que evidencia una senda larga en cuanto a la consolidación democrática en estos países. La caída de los regímenes comunistas con una duración relevante es todavía reciente.
 

 

-PROTAGONISTAS:

 

LLOPIS CRESPO, FRANCISCO.

(Benissa (Alicante) 28-IV-1916-     ).

Mecánico y conductor de camiones. Afiliado a la CNT.

Reemplazo militar de 1937 fue voluntario en el Ejército Popular de la República del Batallón de Transportes nº 3 del Cuerpo de Trenes y Transportes. Y más tarde en el Batallón nº 5 en el frente de El Escorial, Madrid, a principios de julio de 1937.

En un informe del Consejo Municipal de Benissa, del 22-X-1937 se le describe del siguiente modo:

“...buena conducta político-social y afecto a nuestra causa antifascista”.

A finales de 1937 fue aceptado como alumno de la Escuela de Pilotos de Alcantarilla, en Murcia. Después estuvo en la de Sabadell. En octubre de 1938 se trasladó a la URSS para realizar un curso de piloto de aviones de combate en la última promoción organizada por el gobierno republicano.

Alumno de la Escuela de Pilotos de Aviación de Kirovabad, en Azerbaiyán.

Al finalizar la Guerra Civil española estuvo en diversos centros de reposo soviéticos en vistas a gestionar su situación. Solicitó su repatriación a España desde la embajada alemana de Moscú, el 23/07/1940, junto con otros pilotos republicanos. Las autoridades españolas resolvieron que:

“... no procede la repatriación de los mismos”.

Fue detenido por las autoridades soviéticas poco después de Julio de 1941 y encerrado sin juicio hasta 1949 en diversos campos de trabajo y colonias penitenciarias, como el de Novosibirsk (en Siberia), Karaganda (en Kazajistán), y en Odesa (actual Rusia).

Entre 1949 y 1955 estuvo desterrado en Siberia.

El 18-VIII-1955 se casó con la ciudadana soviética, Soya Matosova Petrovna.

Retornó a España en el año 1956, con su esposa y su hija, en la operación de repatriación gestionada por la Cruz Roja Francesa.

 

Más información en: LLOPIS SENDRA, R; BOTELLA IVARS, L., Fer la guerra. Diccionari i testimonis dels combatents de Benissa en la Guerra Civil 1936-1939, Instituto de Cultura Juan Gil Albert de la Diputación de Alicante. 

Para consultar la historia de la última expedición de pilotos republicano en la URSS: CALVO JUNG, C. (2010): Los últimos aviadores de la República. La cuarta expedición a Kirovabad, Madrid: Ministerio de Defensa.