SOFINDUS

En la fase previa al alzamiento en 1936 la alemania nazi apoyó a los sublevados a través de empresas de apariencia legal por orden del mariscal Hermann Göering. Dichas sociedades mercantiles canalizaron la ayuda del nazismo a Franco y más tarde ocultaron el inmenso aparato de guerra alemán que se desplegaría en España durante la II Guerra Mundial. Las empresas creadas fueron, primero, la Hispano-Marroquí (Hisma) y luego la Sociedad Financiera Industrial (Sofindus).

Un documento nazi hayado por el servicio de inteligencia americano al final de la II Guerra Mundial, constataría que desde la sede central de Sofindus en Madrid, los alemanes se encargaron de enlazar telefónicamente los centros de mando militar de las fuerzas nacionales, lo que implica una confianza total entre nazis y sublevados.

La Sociedad Financiera e Industrial, SOFINDUS, con domicilio social la Avenida del Generalísimo 1, de Madrid, fue un complejo imperio empresarial formado el 22 de diciembre de 1939  dirigido por su presidente Johannes Bernhardt. Intrigante personaje general de las SS nazi que fue jefe local del partido nazi en Tetuán por lo que conocido del general Franco, amigo íntimo del ministro Serrano Suñer y del comandante en jefe de las SS, Heinrich Himmler, que recibió grandes distinciones del General Franco y al final de la 2º guerra mundial le concedió la nacionalidad española para impedir su extradicion por los aliados. Casado con una alemano-argentina, Elena Wiedenbrück, hija de un ex-cónsul honorario alemán con viñedos en Mendoza (Argentina).

SOFINDUS llegó a reunir a unas 350 empresas que abarcaban negocios de todo tipo, desde bancos (Deutsche Bank), aseguradoras (Plus Ultra, La Constancia o La Victoria de Berlín), la Compañía General de Lanas (el agente Karl Arnoldel del servicio de seguridad de las SS operaba junto a la Gestapo, y dirigía su red de correos entre Sudamérica y Berlín), mataderos o empresas navieras y mineras, vitales porque abastecían de wolframio a la maquinaria de guerra alemana. La gran mayoria de sus actividades se centraban en Galicia por la importancia de sus puertos y la extracción de wolframio. Empresas como Estudios y Explotaciones Mineras Santa Tecla, emplazada en Vigo, y Explotaciones de Minas de Galicia y Montañas de Galicia, servían para enviar divisas de dinero nazi, manejando el capital de sus operaciones mercantiles de importación y exportación.

Franco aprobó en el año 1939 una ley de salvaguarda de la economía nacional, por la cual ninguna empresa extranjera podía tener más del 25% del capital en España, por lo que Bernhardt colocó testaferros españoles que figuraran como propietarios de muchas de estas empresas para intentar burlar la ley y conseguir hacer crecer su imperio económico en España. Entre algunos de los testaferros más relevantes estaba José María Martínez Ortega, conde de Argillo, padre de Cristóbal Martínez Bordiú, el yerno de Franco. El resto también eran personas influyentes y relacionadas con el régimen de la época que camuflaron tanto empresas mineras como navieras, cuyos barcos suministraban víveres y material a los submarinos alemanes.

Al frente de la gestión empresarial habia una serie de espías y agentes de los servicios secretos alemanes que desarrollaron operaciones de inteligencia. Amparados por el poder económico del nacional socialismo, los agentes nazis inician además una fuerte campaña de propaganda. De hecho, la embajada alemana y el consorcio Sofindus aportan dinero para subvencionar a periodistas que alimentan a la prensa con artículos que prodigan las grandezas del III Reich.

Al finalizar el conflicto bélico mundial los aliados investigan e interrogan a nazis pertenecientes a la inteligencia y lograron descubrir buena parte de la trama española montada por los alemanes. A mediados de agosto de 1944, el servicio secreto de EE. UU. identificó a Sofindus, como una tapadera alemana e identificaron al comandante Lenz von Rohrscheidt como el responsable del servicio de información en el extranjero de del alto mando del ejército alemán en España. Los EE.UU. tenían la certeza de que el comandante Lenz, Kuchkenthel y Lang, habían utilizado a muchos españoles y a personas de otras nacionalidades, así como a otros alemanes, para el servicio de información alemán.

Al final de la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de las personas a las que EE.UU. consideraba agentes al servicio de Lenz residían en Madrid, sin embargo, también proliferaban por otras ciudades, como es el caso de Barcelona y Bilbao. En los archivos americanos hay decenas de nombres de colaboradores.

Los servicios de información norteamericanos en 1944 situaban en Madrid a los siguientes personajes:

  • Lenz von Rohrscheidt: vive en la calle Diego de León 55, 5º b. y le suponían consejero delegación de la embajada alemana.
  • Walter Hauber: vive en la calle Barceló 13, ático derecha, y cuyo número de teléfono es 44581
  • Alfonso Bareth: vive en la calle Andrés Torrejón nº 2, 3º derecha.
  • Heinrich Singer: vive en la calle Guadiana, 12, Colonia del Viso y que antiguamente vivía en la calle Serrano 149. Enlace de la policía alemana en España.

En Barcelona, los siguientes:

  • Hans Kellerman (capitán del Ejército): vive en Balmes 236, y que ocupó el lugar de Rolf Kolding, también un capitán que vivió en esa misma dirección, en febrero de 1943.
  • Hans Kellner: Delegado para España de Flugzeugwerke G.M.B.H., Potsdam, con oficina en Consejo de Ciento, 264; teléfono 12545, y que vive en la calle Freixa 6, letra G.
  • Ernesto Samstag: Vive en Barcelona, en la calle Balmes 366 y es, o dice ser, ingeniero asignado en España de la empresa Hugo Junker Werke, G.M.B.H. Wer Molorenbau, Muchen-Allach (Alemania). Es un comisionado de la Gestapo.

 

 

SOFINDUS Y EL GENERAL PERÓN

En 1946 al llegar a la presidencia de argentina Juan Domingo Perón, el presidente argentino creó los servicios de inteligencia dirigido por Rodolfo Rudi Freude, hijo del millonario alemán Ludwig Freude, amigo de Perón. Para la coordinación de la huida de nazis a Argentina, designó en 1947 a Horst Alberto Carlos Fuldner, ex-capitán de las SS de origen argentino, y creó en Génova la Delegación Argentina de Inmigración en Europa.

Fuldner, que nació y pasó su niñez en Buenos Aires, recibió formación militar en Alemania y fue agente particular del jefe de las SS Heinrich Himmler. Debido a ese cargo, participó en las actividades de Sofindus en Madrid.

Finalizada la guerra y con un pasaporte de "enviado especial del presidente de Argentina", Fuldner se convirtió en una pieza clave para lograr las autorizaciones, articular las coberturas y trazar las rutas utilizadas por los fugitivos que se refugiarían en Argentina, entre los que cabe destacar a Josef Mengele, el médico de Auschwitz; Adolf Eichmann, teniente coronel de las SS y ejecutor de la Solución Final; Gerhard Bohne, administrador del programa de eutanasia de Hitler; Erich Priebke, implicado en la matanza de las Fosas Ardeatinas de Roma, y Joseph Schwammberger, responsable de la represión de judíos en Polonia.

En 1947, bajo el paraguas institucional de Freude y con la participación de Fuldner, el entonces embajador en Berna Benito Llambí abrió un Centro Argentino de Emigración en la capital helvética. Allí se tramitaron visados y salvoconductos para que unos 300 criminales nazis viajaran a Buenos Aires con papeles de identidad extendidos a nombres falsos. Los archivos federales suizos atestiguan el paso de Fuldner por aquella central de reclutamiento, que funcionó hasta 1949. Una vez en Argentina, Fuldner continuó asistiendo a los nazis fugados.

Las autoridades suizas se centraron Silvio C. R. Tricerri y su sospechosa fortuna. En 1947, Tricerri era un joven de veinticinco años, y según resulta de sus propias declaraciones, su patrimonio alcanzaba a unos ciento cincuenta mil pesos, sin embargo una actividad floreciente de intermediacion con un estatus de monopolio de la exportacion de alimentos a la europa hambrienta, en las que intervinieron empresas de SOFINDUS, en los años 50 era difícil estimar su fortuna, radicada totalmente en Suiza. Se sospechaba que era el testaferro de Peron. El Gobierno suizo impidió la entrada de Perón en el país al suponerse que había transferido una fortuna a los bancos suizos, vinculada a un extraño cargamento de 400 toneladas de oro.

Paralelamente, se creía que el ex presidente reciclaba capitales del dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo. Nada de todo esto pudo ser verificado.

Interrogado por la policía suiza el 2 de mayo de 1960, Tricerri negó ser el testaferro de Perón, pero admitió que había realizado inversiones en la empresa alemana Mercedes Benz en su nombre.