-"Los Schindler" españoles

A partir de 1941 y promovido por la figura de Adolf Hitler, el holocausto o intento de exterminio de todos la población judía en Europa se saldó con el asesinato de unos seis millones de personas.

En medio de toda esta barbarie, Oskar Schindler salvó a 1.200 judíos en Polonia, apuntándolos en una lista y convenciendo a los dirigentes nazis de que eran indispensables para trabajar en su fábrica de artículos para la Wehrmacht, las fuerzas armadas.

En principio, muchos testigos aseguran que sus actos fueron interesados, y explotó a algunos de aquellos judíos para sacar adelante su empresa y no ser enviado al frente, pero poco a poco, este hombre de la alta sociedad alemana, se fue concienciando de su situación y solidarizándose con ellos hasta el punto de jugarse la vida.

La historia de este hombre es conocida mundialmente en parte gracias a “La lista de Schindler”, una famosa película de Steven Spielberg de 1993 que gira en torno a su hazaña y además, le fue concedido el reconocimiento del gobierno de Israel como «Justo entre las naciones».

Pero como él, hubo otros muchos héroes anónimos por el mundo que también trabajaron y se jugaron la vida por salvar judíos de aquella barabarie, entre ellos tambien españoles, que en el mejor de los casos han tenido un reconocimiento posterior y en otros, quedaron en el anonimato.

La red de salvamento de la peninsula conformada por resistentes, antifascistas, aliadófilos y gente de buena voluntad, funciona a lo largo de 16 rutas de escape, que comienzan en los Pirineos. Estas rutas clandestinas fueron vitales hasta 1945. Según un informe de la Cruz Roja Británica, de 1949, a partir de 1942 llegaban a España unos 200 refugiados diarios, que las autoridades españolas recluían en prisiones. De ellas, salían clandestinamente a la semana unos 500.

Otros héroes fueron diplomáticos destinados en ciudades bajo ocupación de la alemania nazi, y que salvaron la vida a cerca de 63.000 personas, amparándose en el decreto de Primo de Rivera de 1924 que permitía solicitar la nacionalidad española a descendientes de familias españolas expulsadas en el reinado de los Reyes Católicos. Este decreto, que no tenía validez alguna en aquellos años ya que fue derogado con anterioridad, en 1931, se utilizó para otorgar todo tipo de salvoconductos y visados. Posteriormente esa ayuda se extendió a todos los judíos, no solo a los de origen sefardí.

 

Fiscovich, Alfonso (en Francia)

Fue el sucesor en el cargo de Bernardo Rolland de Miotta en Paris (Francia).

Nacionalizó a judíos poniendo sus bienes a nombre de autoridades de España y siendo estos custodiados bajo pabellón español.

Martínez Alonso, Eduardo (en España)

(Vigo, 23-V-1903- Madrid, 1972)

Eduardo Martínez Alonso fue uno de los 164 agentes secretos españoles con los que el Gobierno británico tenía en España.

Nació en Vigo en el año 1903 de madre cubana y padre uruguayo, ambos descendientes de indianos gallegos. Desde los ocho años residió en Gran Bretaña donde su padre ejerció como Cónsul General de Uruguay y donde empieza los estudios de Medicina. Se especializó en cirugía torácica.

En la guerra civil española participó como miembro de la Cruz Roja en ambos bandos. Al finalizar la guerra el doctor recuperó su labor de médico y trabajó a la vez en su propia consulta en su casa y en el hospital de la  Cruz Roja en Madrid.

Al comienzo de la segunda guerra mundial ofrece su colaboración a la embajada británica en Madrid y entabla amistad con Alan Hillgarth, coordinador del servicio secreto británico en España, Martínez colabora en la creación de una red clandestina para salvar a las personas que huyen de los nazis y entraban ilegalmente en España.

Los refugiados extranjeros que recababan en España en clandestinidad y eran capturados por las fuerzas de seguridad españolas eran recluidos en una cárcel de Miranda de Ebro. Martínez en calidad de cirujano de la embajada británica en Madrid, formó parte del equipo de la Cruz Roja Británica que prestaba asistencia a los refugiados, y que a su vez era dirigida por el mismo MI6, el servicio secreto británico.

Los servicios británicos le indicaban quienes tenían que ser liberados por el operativo de evacuación. Entre sus prioridades estaban los judíos que, con una "J" en un pasaporte, serían repatriados a sus países de origen, ocupados por el ejército nazi.

Para liberar a los prisioneros, certificaba una enfermedad grave como el tifus, tuberculosis, etc. y recomendaba su evacuación por razones humanitarias. Incluso certificó sus falsas muertes, por lo que continuaban su huida con una nueva identidad.

Una vez fuera de los muros de la prisión, los liberados emprendían el viaje en un coche de la embajada británica, con salvoconductos falsos, dirección a Galicia y en numerosas ocasiones pernoctaban en la casa de verano que la familia Martínez Alonso tenía en la  finca de A Portela, en Redondela. Por la parte trasera tiene acceso directo a un  pequeño embarcadero. Es el punto clave de la ruta del Noroeste para los planes del M16.

De aquellas operaciones se conserva un plano trazado a mano por el propio médico en los archivos británicos, en el que explicaba a los aliados cómo moverse por el río Miño y el punto de recogida de los refugiados. Contó además con la colaboración de marineros gallegos para el desplazamiento entre la costa a los barcos o submarinos de recogida.

Ayudó a un total de 365 refugiados polacos retenidos en Miranda de Ebro.

A finales de 1941, el MI6 detectó movimientos sospechosos de agentes nazis en España entorno a Martínez, por lo que decidió sacarlo de España. Para evitar sospechas, se aprovechó la ocasión de que se casase con su novia Ramona de Vicente Núñez, también de Vigo e hija de médico, el 3 de enero, con lo que viajaron de “luna de miel” a Lisboa, siendo en realidad una huida urgente del país, llegando a Londres.  

El exilio duró cuatro años y continuó sus actividades de colaboración con la inteligencia británica.

En 1946 regresó a España y continuó como médico de la Cruz Roja, teniendo una animada vida social. Tanto la financiación para montar la clínica, como sus intensas actividades sociales en ciertas esferas, así como sus frecuentes visitas al salón Embassy (un local de moda en el Paseo de la Castellana de Madrid y punto de encuentro de los anglófilos), sugieren que pudo continuar sus actividades clandestinas.    

Por sus actividades fue distinguido por:

  • la “King George Medal for Courage (medalla al valor)” del Gobierno Británico en 1947.
  • Miembro de los Caballeros de la Cruz de oro del mérito por las altas autoridades de Polonia en el exilio, en 1958.
  • La distinción de “Justo entre las Naciones” por el Estado de Israel, en 1997, un galardón que tan sólo tienen siete españoles.

Murió, en 1972.

Su hija Patricia Martinez de Vicente ha publicado un libro titulado “LA CLAVE EMBASSY”, donde están muy presentes los recuerdos y anécdotas que contaba su padre y su madre.

de Muguiro y Muguiro, Miguel Ángel (en Hungría)

(30/VII/1880 - 4/X/1954, Madrid)

Desde su puesto en la Embajada de España en Budapest (Hungría), contribuyó a la salvación de judíos perseguidos por el gobierno proalemán de Miklós Horthy. En un ambiente de persecuciones y campos de tránsito organizados por los nazis húngaros de la Cruz Flechada para concentrar a los judíos antes de su envío a los campos de exterminio, Miguel Angel de Muguiro, como Encargado de Negocios, escribió a Madrid escandalizado por los registros y las palizas que practicaban los miembros de las SS.

En todas sus comunicaciones con el gobierno de Madrid y con las autoridades alemanas y húngaras mostró siempre una feroz oposición a todas las leyes dictadas por los nazis, lo que provocó constantes tensiones irreconciliables entre las autoridades españolas y húngaras.

Muguiro continuó sus esfuerzos e informó en Madrid del negro futuro que esperaba a la comunidad judía. Haciendo valer su condición de diplomático, intercedió a favor de todos los judíos que pudo y culminó su obra haciéndose cargo de un grupo de niños, 500 exactamente, el destino de los cuales era una cámara de gas en Polonia. Consiguió visado para todos y los despachó a Tánger, que en aquellos días era una especie de colonia española. Esta y otras actuaciones le dieron muy mala fama entre húngaros y alemanes, que presentaron una queja a las autoridades españolas. Muguiro fue cesado fulminantemente.

Su lugar lo ocupó el secretario de Embajada que, como él, se había estado implicando personalmente en el salvamento de judíos perseguidos. Se llamaba Ángel Sanz-Briz, más tarde reconocido con el título de Justo entre las Naciones, junto con el diplomático sueco Raoul Wallenberg que, también destinado a Budapest, fue el iniciador de esta acción salvadora.

En 1940 fue nombrado caballero gran cruz de la Orden de Isabel la Católica.



Palencia y Tubau, Julio (en Bulgaria).

Diplomático español que desde su lugar como Ministro de la Embajada de España en Sofía, Bulgaria, (1940-1943) denunció la legislación antisemita del gobierno búlgaro - que afectaba a 50.000 judíos - e intercede ante Bulgaria y Alemana para proteger los derechos y bienes de 150 judíos sefardíes.

Se enfrentó sin éxito con las autoridades nazis para evitar la ejecución del judío Leon Arie, los hijos del cual adoptó para que pudiesen salir del país y reencontrarse con su madre.

Una defensa también encendida de los judíos sefardíes y de sus bienes fue la que llevó a cabo el ministro español Julio Palencia en Bucarest.
Tras conocer que el artífice de la solución final Adolf Eichmann había incluido a los judíos búlgaros en el programa de exterminio alemán, Palencia removió cielo y tierra para evitar que se cumpliera su funesto destino.
Denunció la legislación antisemita del gobierno búlgaro - que afectaba a 50.000 judíos - e intercedió ante Bulgaria y Alemania para proteger los derechos y bienes de 150 judíos sefardíes.
Su insistencia le valió el apodo del 'amigo de los judíos' y "fanático antialemán", como le llamaban despectivamente los alemanes. Pero lejos de amedrentarse ante la animadversión que le profesaban los nazis, Palencia no dudó en oponerse a la ejecución del judío búlgaro, León Arié. No lo logró pero sí consiguió que las autoridades búlgaras le permitieran a adoptar a los dos hijos de Arié y su madre pudiera vivir en la residencia oficial con un pasaporte diplomático español.
Acogió y camufló en la delegación diplomática a todos aquellos judíos que pudo
Las autoridades búlgaras llegaron a detener a su secretario, también judío, acusándole de espionaje.
Fue declarado persona non grata y tuvo que regresar a Madrid.
Había salvado de la muerte las vidas de aproximadamente 600 judíos búlgaros.

El martes 16 de marzo de 1943,  el diplomático español Julio Palencia se enteró de la inminencia de las deportaciones de los sefardíes que vivían en Bulgaria por el propio Bogdan Filov, primer ministro búlgaro, que le anunció sin pudor que la medida procedía de Alemania. Al día siguiente, Palencia telegrafió al ministro español de Exteriores, Francisco Gómez Jordana, advirtiéndole de la amenaza nazi.

Palencia esperaba de Gómez Jordana –militar franquista, en teoría anglófilo, que había sustituido al falangista y nazi Serrano Súñer– una respuesta acorde con la condición formal de españoles de muchos sefardíes esparcidos por el mundo gracias a una ley del gobierno de Primo de Rivera. Con esa idea telegrafió a Madrid un mensaje que fue interceptado por los británicos y desclasificado en Londres. Decía:

“Máximo secreto. Asunto: Judíos españoles en Bulgaria. N. º: 115514. De: Ministro español, Sofía. Para: Ministro de Asuntos Exteriores, Madrid. 17 de marzo de 1943. A la vista de la deportación inminente a Polonia de todos los judíos que viven en Bulgaria, ayer tuve una entrevista con el presidente del Consejo de Ministros, que me dijo que la deportación comenzaría a finales de abril y me hizo entender que era una medida impuesta por Alemania. Informo a su excelencia, para el caso de que considere oportuno, indicar al Gobierno alemán y al ministro búlgaro en Madrid que España no puede permitir que sus súbditos sean deportados a Polonia por razones de una ley racial no existente en (ilegible), añadiendo que los búlgaros viven en paz en España y, por tanto, los españoles tienen el derecho de hacer lo mismo en Bulgaria.”

Pero Gómez Jordana no escuchó a su embajador, y Palencia insistió, consciente de que los judíos serían asesinados.

El 15 de mayo de 1943 suplicó al ministro que “sería de gran ayuda si me concediera autoridad urgente para repatriar a todos los ciudadanos judíos de nacionalidad española que viven en Bulgaria y en territorios recientemente anexados, al propio coste de las personas afectadas. Serían unas 300”. Madrid respondió con un silencio criminal.

Entonces, se dirigió a la máxima autoridad alemana en Bulgaria y, mintiendo con gran riesgo, dijo que España estaba de acuerdo en la repatriación de “todos los judíos españoles que hay en Bulgaria”. Esta valiente frase se conoce gracias a un telegrama cifrado que Adolf Heinz Beckerle, el representante del III Reich en Bulgaria, envió a Berlín el 28 de mayo y que igualmente acabó en manos aliadas. Beckerle añadió para Berlín:

“Palencia se declara disgustado por la expulsión de los judíos de Sofía y ha pedido intervenir a favor de sus amigos judíos búlgaros, lo cual, por supuesto, he rechazado”. Según el nazi, Palencia le dijo a la cara que en estas circunstancias no podía seguir en Sofía y que había informado de ello al gobierno de Madrid, -lo cual era cierto aunque no había servido para nada-.

Es una obviedad que el comportamiento de Palencia le supuso caer en desgracia ante los nazis, que provocaron que la policía fascista búlgara detuviera temporalmente al canciller de la embajada española y que toda la legación española pasara a estar bajo estrecha vigilancia. Aun así,  Julio protegió a varios centenares de perseguidos afirmando que se trataba de españoles, pero una gota colmó el vaso del odio nazi: fue su intervención para salvar a la familia del sefardí León Arié, dueño de una droguería, al que ahorcaron en una celda tras una farsa de juicio. Como recurso extremo para salvar la vida de la familia del asesinado, el diplomático adoptó a sus dos hijos y extendió un salvoconducto a la viuda Arié, lo que supuso un ataque de nervios para Madrid y otro para Berlín.

Prueba de ello es la airada reprimenda del ministro Gómez Jordana a Palencia de 30 de junio de 1943:

“Máximo secreto. El ministro búlgaro me acaba de hacer una comunicación oficial en nombre de su gobierno en referencia a la adopción por su excelencia de los hijos del sefardí Arié, condenado a muerte por el tribunal búlgaro y ejecutado el pasado abril, mencionando especialmente su solicitud de un pasaporte diplomático para estos huérfanos. El gobierno búlgaro considera que su conducta ha sido incorrecta a la vista de la especial situación referente al orden público en Bulgaria y a la participación judía en los recientes incidentes políticos. Por favor, informe sobre este asunto, al que las autoridades búlgaras conceden tanta importancia como para llevarles a preguntarse si su presencia en su puesto puede seguir siendo deseable”.

La respuesta de Palencia al ministro Gómez Jordana no se hizo esperar:

“Referente a su N. º24 (la nota anterior). Tras seguir los consejos de dos renombrados abogados en Sofía, uno de ellos un ex ministro de Justicia, he adoptado a dos niños de 17 y 19 años, hijos del sefardí Arié, condenado a muerte y cuya sentencia ha sido considerada en general injusta y debida enteramente a su origen judío. Por tanto, es inadmisible decir que la adopción por mi parte de dos menores que pertenecen a una raza que el gobierno búlgaro desea hacer desaparecer del país es una acción incorrecta que requiera una queja. Yo no he pedido un pasaporte diplomático para (ilegible) sino sólo una tarjeta de identidad (…)”.

Entonces los alemanes decidieron detener a los Arié aunque fueran hijos de un español. Julio Palencia se dio cuenta de que su vida también corría peligro y envió un nuevo telegrama a Madrid, argumentando que era un deber humanitario y de buen cristiano salvar la vida de inocentes, al tiempo que pedía que le sacaran rápidamente de Bulgaria. Gómez Jordana contestó el 26 de julio: “Secreto. Descifrar personalmente (…) Dejando a un lado el aspecto humanitario y de caridad cristiana al que hace referencia, considero que debería haber prevalecido su posición como representante acreditado en Bulgaria y debería haberse abstenido de cualquier acción que el gobierno búlgaro hubiera podido temer como de oposición. A la vista de la necesidad patente de su traslado, siento informarle de que el puesto que menciona está cubierto (…)”.

Mientras, los nazis le calificaron de “fanático antialemán” y de “amigo de los judíos”, consideración mortal en aquel tiempo, por lo que fue declarado persona non grata en Bulgaria.

Con la Gestapo persiguiendole logró que sus nuevos hijos y Rachel Behar llegaran a Rumanía, donde se refugiaron en casa de Abraham Arié, hermano del asesinado y abuelo de Miguel Askenazi. La casa era una de las consideradas españolas y por lo tanto inviolables por los nazis. El caso es que en Rumanía estaba otro héroe, José Rojas Moreno, embajador de España en Bucarest, que igualmente denunció ante Madrid la persecución que sufrían los judíos y, actuando por su cuenta, impidió centenares de deportaciones colocando un letrero en trescientas casas habitadas por judíos que decía “aquí vive un español”, lo que frenó la detención de sus ocupantes, a los que también suministró alimentos.

René Arié-Palencia murió en un bombardeo en 1945, al final del conflicto. Cludy, una mujer muy bella, se enamoró de un primo con el que se casó. Durante un tiempo esperaron en Rumanía a que las cosas mejorasen, pero el nuevo régimen comunista propició que los Arié se fueran del país en 1948. Recalaron en Milán después de un duro periplo europeo. Nadie los quería. Desde la ciudad italiana lograron un permiso de residencia en Argentina, donde se establecieron.

A principios de los años 60, Cludy se divorció sin haber tenido descendencia y en 1982, a los 56 años, murió de un ataque al corazón. Cludy y su familia, el superviviente, sentían un profundo amor por don Julio Palencia, a quien consideran un ángel.

De Palencia  falleció en 1952.

De Bulgaria regresó a España perseguido por los nazis y el ministro le castigó por su acción. Un castigo que debe de durar todavía, ya que en su ministerio no le recuerdan.

 

Perlasca, Jorge (en Hungria)

Italiano, tras su paso por España recibió un salvoconducto para las misiones diplomáticas de nuestro país. Pidió asilo en la Embajada de España en Budapest, pasando automáticamente a llamarse Jorge y obteniendo iguales derechos a los de cualquier español.

En la embajada continuó su tarea de salvamento de judíos, alegando ser el sucesor de Sanz Briz y falsificando todos aquellos documentos necesarios.

La película "El cónsul Perlasca" rememora su hazaña.

Fue honrado con el título de Justo entre las Naciones  por el Gobierno de Israel.

Propper de Callejón, Eduardo (en Francia, Burdeos)

(1895 - 1972)

Destinado a la Embajada de España en París con el rango de primer secretario, estaba casado con Hélène Fould-Springer, que pertenecía a una rica familia judía de origen austriaco.

Cuando los alemanes ocuparon París el 14 de junio de 1940 se instaló en el consulado español de Burdeos. Comenzó a sellar desde una pequeña sala los llamados visados de tránsito, que concedían la posibilidad de estar en España durante un periodo de tres días, tiempo suficiente para atravesar el país y alcanzar Portugal. Selló más de 1.500 visados durante días y noches enteras, salvando con ello a unas 6.000 personas.

El 27 de agosto del año 2007, la institución israelí para el recuerdo del holocausto Yad Vashem le otorgó el título de "Justo entre las Naciones", una de las más altas distinciones que los judíos entregan a un civil no israelí.

Rojas Moreno, José (En Rumanía)

Llegó a Rumanía como embajador de España en Bucarest en el año 1941, cargo en el que se mantuvo hasta 1943.
Fue el artífice de la evacuación directa a España de 65 judíos sefardíes, así como de la protección del patrimonio y de los bienes de más de 200 familias. Tuvo iniciativas como la colocación de carteles a las puertas de las casas de centenares de viviendas judías con la siguiente leyenda: “Aquí vive un español”.
Consiguió que se revocasen los decretos de expulsión dictados contra un grupo de judíos sefarditas y la promesa formal que, en el futuro, ninguno de ellos sería expulsado.

 

Rolland de Miota, Bernardo (En Francia)

Fue cónsul general de España en París desde 1939 hasta 1943. Cuando a finales de 1940 el gobierno de Vichy aprobó el llamado Statut des Juifs, que afectaría a cerca de 2.000 sefardíes residentes en París, extendió sucesivas cartas de protección a dichos judíos con el objetivo de que fueran excluidos de la aplicación de dichas normativas. Evitó la confiscación de los bienes de un puñado de judíos sefarditas, intercedió por 14 judíos españoles enviados al campo de Drancy y organizó la repatriación de otros 77, trabajo que terminó Alfonso Fiscowich. Su actuación en favor de los judíos provocó graves tensiones con las autoridades alemanas de la Francia ocupada y con el entonces Embajador de España, Félix de Lequerica.


Romero Radigales,  Sebastián (En Grecia)

Diplomático español que desde su lugar como Cónsul General de España en Atenas (1943-1944) organizó la repatriación por tierra, mar y aire de los judíos de origen sefardita. Ante las objeciones para su entrada en España, propuso Marruecos. Entre marzo y junio de 1943 48.000 judíos de Salónica fueron deportados al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Romero Radigales actuó para intentar liberar a los deportados sefardíes. Saltándose a las autoridades alemanas, consiguió trasladar 150 sefardíes desde Salónica a Atenas.

Ssalvó a más de 800 judíos sefardíes invocando el Real Decreto de 1924 de Primo de Rivera.

Pese a que, en un primer momento, sirvió para evitar su traslado a los campos de la muerte; ante la falta de respuesta de Madrid para hacerse cargo de sus nacionales, los nazis terminaron encerrando a este grupo de sefardíes en Bergen Belsen, un campo destinado a los prisioneros de países neutrales. Sin embargo, Romero Radigales no cejó en su empeño por salvarlos y siguió enviando informes jurídicos insistiendo en que se trataba de un error.

Su insistencia dio finalmente frutos y tras seis meses de cautiverio los liberaron y los llevaron en un tren a España.

Irritó a las autoridades alemanas hasta tal punto que estas presentaron, en varias ocasiones y sin éxito alguno, serias quejas ante el Ministerio de Exteriores de España.

Ordenó que los bienes de los judíos se guardasen en la delegación española, permitiendo que más tarde fueran recuperados por sus legítimos dueños

Ruiz Santaella, José (en Alemania)

El 5 de septiembre de 1942 le nombraron agregado en la Embajada de España en Alemania.

Él y su esposa, Carmen Schrader, acogieron como costurera en su residencia a la judía alemana Gertrud Neumann.

También contrataron a la joven Ruth Arndt como niñera de sus cuatro hijos; a su madre, Lina Arndt, como cocinera; y al padre, el doctor Arndt, le enviaron los alimentos necesarios para poder sobrevivir durante su refugio.

El 13 de octubre de 1988 ambos fueron condecorados también con el título de Justo entre las Naciones.


 

Sanz-Briz, Ángel (en Hungría)

(Zaragoza 28/9/1910 - Roma 11/6/1980)

Tras estudiar Derecho, ingresó en la Escuela Diplomática, finalizando sus estudios poco antes del inicio de la Guerra Civil Española.Tras su comienzo, se enroló en las tropas franquistas. Finalizada la guerra, obtuvo su primer destino, como Encargado de negocios en El Cairo (Egipto). En 1942, recibió su segundo destino, poco después de contraer matrimonio con Adela Quijano, también como Encargado de negocios, en la embajada española en Hungría,

Corría el año 1944 y el Eje estaba perdiendo la guerra, pero Hungría era aun un estado títere del III Reich Adolf Eichmann puso en marcha un programa de deportaciones masivas que fue mermando a la comunidad judía local, que hasta entonces había sobrellevado mal que bien las afrentas de los alemanes. Se estima que tres cuartas partes de la comunidad hebrea de Alemania perecieron en los hornos de Auschwitz y Birkenau.

Por las mismas fechas, llegaba a la ciudad del Danubio Ángel Sanz Briz con la misión de dirigir la legación española.

Al percatarse del exterminio de la comunidad judia decidió actuar pero chocaba con las instrucciones del Gobierno franquista, receloso de ofender a sus aliados alemanes.

Violentando la rectitud diplomática y al margen de Madrid, Sanz Briz desempolvó un viejo decreto de 1924 que reconocía la nacionalidad española a los descendientes de los sefardíes, la comunidad hebrea expulsada de España en 1492 por los Reyes Católicos, y comenzó a extender pasaportes y salvoconductos a todo aquel que acreditara esa condición.

Poco después dio un paso más allá y extendió la protección española al resto de judíos que lo solicitaron.

Sanz no se detuvo ahí y creó una red de viviendas de alquiler a cuenta de la Embajada en las que cobijó a las familias judías que, aunque hacinadas, escaparon de este modo a las deportaciones. Colgaba en la puerta de los inmuebles la bandera nacional y un cartel que indicaba “anejo a la legación española”. Miles de personas salvaron la vida enclaustrados en una de aquellas madrigueras.

El personal de la delegación española, siguiendo órdenes de Sanz, llevaba hasta ellas alimentos y velaba por su salubridad. Estuvo haciéndolo hasta que el Ministerio español de Exteriores ordenó clausurar la Embajada ante la inminencia de la entrada en la ciudad de las fuerzas de la URSS, con la que Madrid no mantenía relaciones.

Sanz Briz desarrolló después una dilatada carrera como embajador de España, de la franquista primero y de la democrática después. Murió en 1980 en Roma a los setenta años de edad. Nunca aceptó atribuirse ningún mérito por su etapa en Hungría y decía que se limitó a “obedecer las órdenes del Jefe del Estado”, sin embargo no hay documentación que respalde tal afirmación.

En 1991 el Parlamento de Israel reconoció la obra filantrópica de Sanz Briz y le concedió el título de "Justo entre las Naciones".

En 1994 se le homenajeó en Hungría en presencia del entonces ministro español de exteriores, D. Javier Solana.

El Ángel de Budapest, Ángel Sanz Briz salvó alrededor de 5.200 vidas.

 

Schwartz Díaz-Flores, Juan (en Austria)

Diplomático español que en calidad de Cónsul general de España en Viena en 1943 comenzó una política sistemática de concesión de pasaportes y visados.

Nunca fue devuelto a las autoridades alemanas ningún judío de los que conseguían entrar en España, incluso clandestinamente.

Es padre del presentador y diplomático Fernando Schwartz y del economista Pedro Schwartz.

 

Touza Domínguez, Lola, Amparo y Julia (en España)

Las hermanas Lola, Amparo y Julia Touza de la localidad orensana de Ribadavia ayudaron a 500 judíos a huir del exterminio Nazi.

Durante la Segunda Guerra Mundial, miles de judíos escaparon del terror nazi a través de España.

Las hermanas Touza organizaron una red de fuga (dicen que la más importante de la península) que se iniciaba en Gerona, en la frontera con Francia. Un primer tramo llegaba hasta Medina del Campo, y desde allí continuaba hasta Monforte y Rivadavia, donde solían llegar los judíos perseguidos al anochecer (Judíos y otros perseguidos llegaban a Ribadavia marcados y contactados desde Monforte.

Los enlaces los conducían hasta ellas en su cantina de la estación y corrían con los gastos de coches y guías que esperaban al otro lado de la frontera). En la fase final, eran llevados a la frontera portuguesa, y desde el País vecino embarcaban rumbo a América o puertos del norte de África.

Para esta labor, se rodearon de colaboradores fieles hasta la muerte, José Rocha Freijedo y Javier Minguez Fernandez (El Calavera), ambos taxistas, Ricardo Pérez Parada (El Evangelista), un tonelero que había aprendido inglés y polaco siendo emigrante en Nueva York y hacía de traductor, y el barquero Ramón Estévez.

Según la ruta que eligiera Lola (tenia 3: por senderos, por carreteras de tercera y cruzando el Miño), actuaban sus cómplices, héroes anónimos también.

Con los bailes organizados en el casino, no solo sacaban un dinero extra para capear las penurias de la posguerra, si no que hacían caja para su causa clandestina.

Todo empezaba con la llegada de un convoy señalado a la estación de Ribadavia. Lola esperaba con su cesta llena de rosquillas, caramelos y dulces de almendra en las manos. A veces los ofrecía por las ventanillas desde el andén, y otras veces se subía al tren y recorría los vagones con su mercancía. Entonces se encontraba siempre con alguien que le anunciaba la llegada inminente (día, hora y vagón) de una nueva tanda de judíos.

Los días de llegada, Lola era la primera en abandonar el quiosco, y auxiliaba a los judíos que llegaban. Los escondía en su casa y les daba alojamiento y manutención con la complicidad de sus hermanas. El mensaje de que unos judíos estaban a punto de llegar corría a los oídos del Calavera, y en el silencio de la noche elegida se consumaba la fuga a bordo de su taxi, un Dodge negro americano.

Salvaron la vida a más de 500 judíos.

Han sido nominadas para el premio "Justas entre las Naciones" por Israel.