- La Cruz Sagrada Ortodoxa de Novogorod

El 4 de julio de 1942, La División Azul estaba desplegada en la antigua ciudad rusa de Nóvgorod, situada a 155 kilómetros al sureste de San Petersburgo, construida a los márgenes del río Vóljov, justo después de que éste surja del lago Ilmen, siendo mencionada por primera vez en el año 856. Fue, con Moscú y Kiev, una de las ciudades rusas más importantes durante la Edad Media.

El Batallón de Zapadores tenía su puesto de mando dentro del Kremlin (recinto amurallado), donde estaba la catedral ortodoxa de Santa Sofía, la más antigua de Rusia, que cuenta con cinco cúpulas rematadas en cruces.

Ese día, mientras se celebraba una reunión de los mandos españoles de la División Azul, se produjo un intenso ataque de la artillería rusa contra el Kremlin, que hizo añicos la cúpula dorada de Santa Sofía y desmoronaron sus cúpulas doradas.

Los zapadores españoles recogieron de entre los escombros una de las cruces de la catedral. La cruz, de más de dos metros de altura y otros dos de ancho, montada sobre alma de madera y hierro, está recubierta de latón dorado. Un sol de rayos recortados adorna su cruce y la corona una paloma de hierro forjado.

 

 

El 3 de febrero de 1943 el comandante Alfredo Bellod Gómez ordenó al brigada Bernardo Álvarez Iglesias (sargento de la D.A. en julio de 1941 siendo destinado al Batallón de Zapadores 250. El 27 de abril de 1942 se le concedió la Cruz de Hierro de segunda clase. Falleció el 10 de marzo de 2013 en Zaragoza a los 94 años) que trasladara la cruz a la Academia de Ingenieros del Ejército de Tierra aprovechando su viaje de repatriación a España.

Embarcó con la cruz el 20 de febrero y el 5 de marzo llegó a Burgos, donde la entregó al coronel de la Academia de Ingenieros. La Academia de Ingenieros del Ejército de Tierra se trasladó a Hoyo de Manzanares, en las afueras de Madrid y fue la nueva ubicación de la cruz sagrada Ortodoxa. Eligieron como lugar de destino la capilla de la Academia del Arma de Ingenieros.

En 1998, durante la inauguración del cementerio de la División Azul en las afueras de Nóvgorod, en Rusia, los veteranos españoles plantearon la entrega de la reliquia, guardada durante más de 60 años en España.

 

 

A fines del 2003, durante la visita del rey de España, Juan Carlos I, a la Academia, la Casa Real se sumó a la idea de su retorno e incluso estaba previsto hacerlo durante la visita del príncipe Felipe a Rusia en 2003. Lo que no se tuvo en cuenta entonces fueron las dimensiones de la cruz, de más de dos metros de altura y otros dos de ancho, lo que hizo imposible su transporte en aquella ocasión. Montada sobre alma de madera y hierro, la cruz está recubierta de latón dorado. Un sol de rayos recortados adorna su cruce y la corona una paloma de hierro forjado.

El 11 de noviembre de 2004 fue devuelta por el entonces ministro de Defensa, José Bono, quien la entregó en Moscú al patriarca de la Iglesia ortodoxa rusa. Era un gesto simbólico que ponía fin a las tensas relaciones bilaterales.

Aramburu Topete veterano de la División Azul y ex-director de la Guardia Civil (con la edad de 18 años, siendo alférez jefe de una sección de la Compañía de ingenieros zapadores adscrita a la 5ª de Navarra, consiguió evitar que fuera volado por los rojos el el puente románico de la localidad de Cangas de Onis), fue el único protagonista del periplo de la cruz que participó en el acto de despedida de la reliquia en la academia de Hoyo de Manzanares. El general volvió a Nóvgorod y visitó el Kremlin y la catedral de Santa Sofía, restaurada y decorada ahora con nuevas cruces.

La paloma del Espíritu Santo

Esta cruz coronaba la principal de las cinco cúpulas de la Catedral de Santa Sofía, construida en 1045-1050 por orden del príncipe Vladímir en el estilo de la homónima y anterior de Kiev. Es, por tanto, el templo más antiguo en territorio de la Rusia moderna y uno de los edificios de piedra más antiguos del país, construido en lugar de un templo de madera que había sido erigido en Nóvgorod, cuna de la democracia rusa, tan solo un año después de la cristianización del país.

La leyenda afirma que el símbolo del Espíritu Santo apareció tras una derrota infligida por Iván el Terrible a las tropas de la ciudad, que se resistió hasta el final a la imposición de la autocracia moscovita. La paloma sobrevolaba Nóvgorod y, al ver las atrocidades de los soldados del Zar, quedó petrificada.
"Cuando la paloma abandone la cruz, Nóvgorod sucumbirá", dicen en la ciudad, al mostrar la réplica que corona la catedral desde su restauración en la posguerra.